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Entre Uvas y Taninos: Vinos dulces

Federico Ling se une a la fiesta del Día del Niño de la mejor manera: con una copa de vino dulce.

Es increíble que estemos prácticamente ya comenzando el quinto mes del año. Como decía una maestra que tuve en la primaria en mi estado natal de Durango, nos recordaba que la vida se iba “en un abrir y cerrar de ojos”. Pues así de rápido llegó el Día del Niño y en Aderezo hablamos de postres y dulces esta semana, y en ese sentido se me ocurrió escribir sobre vinos dulces: ¿cómo se fabrican y de qué tipos hay y con qué combinan bien? 

Lo primero que debemos tener en mente es que los vinos dulces serán un maridaje perfecto para los postres y los alimentos dulces. La razón de lo anterior es porque los postres (y lo dulce de estos) provocará que nuestra bebida tenga un sabor más ácido; por esta razón necesitamos un vino dulce para que, ante este efecto, balancee adecuadamente lo que estamos comiendo. Como regla general, siempre que acompañemos vinos y postre, el vino tiene que ser más dulce que lo que estemos comiendo. 

Aunque los hay de muchos tipos y sabores, les quiero compartir tres de las opciones que tenemos para los vinos dulces. En primer lugar, voy a hablar de los vinos que están etiquetados como “cosecha tardía” (late harvest, en inglés). Este término significa que las uvas se dejaron madurar en la planta y no se cosecharon en la época en que tradicionalmente se hace. Esto provoca que el agua de las uvas se evapore y se concentren los azúcares en las uvas que, al momento de fermentarse, no se convertirán en alcohol en su totalidad y el resultado será un vino con azúcar residual (y por esta razón será dulce). Este método puede ser utilizado con uvas blancas o tintas. 

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En segundo lugar, otro tipo de vino dulce es el “icewine” (por su nombre en inglés) o “eiswein” (en alemán). Este método consiste en dejar las uvas en la planta sin cosechar hasta muy entrado el invierno, y el frío de este provocará que las uvas se congelen (con todo lo que hay en su interior). Así congeladas, las uvas se llevan a la fábrica vinícola donde se habrán de prensar y el jugo resultante será altamente concentrado con azúcares y tonos opacos. Al momento de fermentar, este vino resultará en una bebida sumamente dulce y generalmente se hace con uvas blancas. Es característico de Canadá y de Alemania, pero también se produce en el estado de Nueva York, en Estados Unidos. 

Por último, el tercer vino dulce del que voy a hablar el día de hoy es el Oporto. A diferencia de los anteriores, este vino es mayoritariamente hecho con uvas tintas y es fortificado, es decir, tiene alcohol añadido; el resultado de este proceso es que al momento de añadir alcohol al vino en fermentación, esta se interrumpirá y quedarán una cantidad importante de azúcar residual en el vino. Además, el Oporto, típico de Portugal, es un vino que se madura y añeja en toneles grandes que le darán un tono y sabor oxidado, muy característico de este. Por su perfil, acompañará muy bien los pasteles de chocolate por ejemplo

En cualquier caso, el vino dulce y sus diversos procesos de elaboración son todo un arte, así que lo mejor será disfrutarlos y probarlos en este fin de mes. Nos leemos la próxima semana.

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