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Razones por las que el vino se mantiene vigente

Esta semana Federico Ling nos pone en perspectiva la importancia de esta industria a nivel global

El 25 de mayo pasado se conmemoró en Estados Unidos el Día Nacional del Vino y como en todas estas celebraciones, siempre hay un buen pretexto y una razón para festejar. ¡Qué mejor que el día del vino para tal efecto! Pero ya hemos hablado sobre estos múltiples festejos que rodean al mundo del vino y establecido que, aunque de forma un poco arbitraria y con disparidades en los diferentes países (porque cada nación en realidad celebra lo que considera y le es más importante), sirven para atraer la atención a esta bebida y hacerle promoción. 

Foto. Federico Ling

En general en varios países que tradicionalmente consumen vino como Francia, son cada vez menos las personas que están bebiéndolo y las nuevas generaciones prefieren otro tipo de alternativas, por ejemplo, las aguas mineralizadas y gaseosas que contienen un bajo porcentaje de alcohol, o bien, esta nueva tendencia del “vino limpio” (“clean wine”, por su nombre en inglés).

Lo que reflejan estas tendencias es una clara preferencia de los consumidores por las bebidas que consideran más “saludables” y en ese sentido, las bebidas que tienen un “alto contenido” de alcohol son percibidas como poco saludables; al igual que aquellas que contienen azúcar y por eso la moda de consumir bebidas alcohólicas que no tengan estas características. En las próximas semanas vamos a hablar de todos estos mitos, de qué significan estas tendencias y de cuáles son ciertas y cuáles no. Pero mientras tanto, hoy mencionaré algunas razones por las que el vino puede seguir siendo una bebida atractiva, más allá de todo ello. 

En primer lugar, porque el vino muchas veces simboliza la cultura y la historia de un país, más allá de ser una simple bebida alcohólica. Por supuesto que lo es, pero también es una forma de vida para muchas personas. Por ejemplo, para los habitantes de Champagne, en Francia, el cultivo de las uvas, la vinificación y la producción de este vino espumoso es su manera de entender el mundo; es un reflejo de una tradición centenaria que viene de muchos años atrás y que materializa el paso de la historia y de los acontecimientos mundiales. Además es algo que se transmite de generación en generación. Podríamos casi decir que es una forma artística de vivir. 

Otra razón por la que el vino tiene todavía potencial en el mundo de hoy es porque precisamente genera ecosistemas que envuelven y dan vida a las comunidades y crean todo un mundo y una atmósfera que gira en torno a él. Por ejemplo, en el Valle de Guadalupe, en Baja California, el vino es precisamente lo que le da vida a la zona y a la región, es una forma de entender la realidad y es una manera de conectar experiencias y personas. Además es la forma que tiene la gente y la comunidad para ganarse la vida y sostenerse económicamente. Allí la importancia que tiene el vino (el cultivo de uvas, la vinificación, el turismo, las vivencias) para la gente de dicho lugar. El vino, dicho en otras palabras, le da sentido y crea las circunstancias en que se desenvuelven sus habitantes. 

Las próximas semanas hablaremos del vino como una forma de arte, de técnica, de experiencia y de las nuevas tendencias. Mientras tanto, utilizando el pretexto que mencioné al inicio del Día del Vino, reflexionemos sobre el potencial que tiene esta industria y veámosla con otros ojos. Quizá también veamos el mérito de producir vino, como técnica y como arte, ambas al mismo tiempo. La evolución de aquello que comemos y bebemos es también la evolución de la humanidad misma. 

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