Inicio » Plato de portada » Una vida dedicada a las calaveritas de azúcar

Foto. Erika Albisúa

Una vida dedicada a las calaveritas de azúcar

Emilio Quintana pertenece a la cuarta generación de fabricantes de dulces; los hace desde hace 50 años

Por Erika Albisúa

Desde que te asomas por la puerta del expendio/taller de dulces típicos poblanos, ubicado en el patio de una vecindad de la 6 Norte número 4, en el interior 10 para ser exactos, sientes que te transportas a otra época… algo así como 50 años atrás.

Ese es el tiempo que ha pasado desde que José Emilio Quintana Ramírez, a sus ocho años, comenzó a ayudar a sus papás a elaborar las calaveritas de azúcar, esa dulce tradición que acompaña cada año a las festividades del Día de Muertos, nombradas por la Unesco Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad desde el 7 de noviembre de 2003.

Foto. Erika Albisúa

Para anunciar nuestra presencia en el lugar, tiramos del hilo que se encuentra amarrado al badajo de una campana, ahí junto a la puerta del local a manera de timbre; entonces se asoma Cecilia Reyes Mendiola, esposa de Emilio, a quien entrevistamos acerca de la elaboración de estas golosinas, ya que él se encontraba ocupado con la preparación de algunos dulces típicos que ya le hacían falta.

Cuatro generaciones elaborando calaveritas de azúcar

El propietario de Arte Mexicano El Colibrí pertenece a la cuarta generación de una familia dedicada a la producción de dulces típicos poblanos y calaveras de azúcar, una labor que comenzaron sus bisabuelos y ahora vienen sus hijos atrás de él.

Incluso su esposa dice, un poco en tono de broma, que gracias a su trabajo de toda la vida con la calavera él ya forma parte del patrimonio histórico del Centro de Puebla y asegura que es único en su forma de hacerlas. ¡Vaya que sí le echa porras!

Foto. Erika Albisúa

En la ciudad es posible encontrar muchas calaveritas en diferentes lugares, pero estas son más elaboradas y tienen un sello especial: que parecieran estar hechas de cera, debido al acabado que Emilio les da, incluso hay quien le pregunta si son veladoras.

Además, estas son más detalladas en su decoración, que se hace con merengue de huevo, azúcar glass y unas gotas de limón, teñido en varios colores con pintura vegetal. Los precios de los productos terminados van desde los 10 hasta los 50 pesos.

Foto. Erika Albisúa

Las exporta a Estados Unidos

Cecilia nos comenta que por este año Emilio ya terminó de hacer sus calaveras, pues comienza en junio y para el mes de septiembre ya tiene completos sus pedidos, entre 5 y 6 mil piezas, que hoy en día se exportan a San Francisco, Texas, Oakland y Chicago en los Estados Unidos.

Esto debido a que la gente aquí en México, por la situación económica y más ahora con la pandemia, ya no quiere pagar su precio; buscan otras más baratas y las encuentran en diferentes mercados, pero más sencillas que las suyas. 

Cada año se queda solo unas cuantas para tener en su negocio, porque ocasionalmente llegan personas a buscarlas, principalmente turistas, aún fuera de temporada.

Lee también

Ofrece talleres en escuelas

Ya es una tradición para Emilio el que lo inviten a dar talleres de elaboración de sus calaveritas en diferentes escuelas, las hacen en diferentes tamaños y a los niños les dice que son una familia: el recién nacido, el bebé, el hermanito, la hermanita, la mamá y el papá. 

¿Cómo se hacen las calaveritas de azúcar?

Para hacerlas se colocan azúcar y agua en un cazo de cobre y se pone a hervir de 10 a 15 minutos. Mientras, se preparan los moldes de barro, que por fuera perecen como un coco pero la “magia” está por dentro. 

Vienen en dos partes que se juntan, se les pone una liga y se colocan en unas bases con agua, con la boca hacia arriba. 

Cuando la miel ya está en su punto se retira de la lumbre, debe quedar espesa pero transparente, el líquido debe quedar cenizo, como “atolito”.

Se mueve hasta que desaparezcan las burbujas que se forman por la ebullición y una vez que baja la temperatura, la superficie queda lisa. Entonces ya se puede vaciar en los moldes.

La miel se adhiere a la cabecita y se deja unos minutos a que solidifique, entonces con un cuchillo se le quita un poco del azúcar del centro, para que la calavera quede hueca.

Luego se ponen boca abajo para que escurra agua, se les quita la liga, se empiezan a desmoldar y ya se pueden decorar con el merengue de colores y con papel de estaño, que Emilio y Cecilia consiguen en la Ciudad de México.

Cecilia asegura que ellos no hacen calaveras de chocolate, porque ese se puede comer en cualquier época del año, pero no siempre encuentras la calavera de azúcar. Estas forma parte de una tradición, de nuestras costumbres como mexicanos, para ponerlas en el panteón o en nuestras ofrendas.

Y para llegarte por el oído, escucha nuestro podcast de Aderezo:

También visita nuestro perfil de Instagram:

También te puede interesar