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Foto: Francisco Charqueño

Jugos Canadá: Historias en una licuadora

Con más de 35 años de tradición, este lugar conserva su estilo y sabores inigualables

Caminar por las calles cercanas al primer cuadro de la ciudad siempre muestra la historia de la época colonial, pero si recorres con detenimiento y observas los establecimientos a tu alrededor, puedes encontrar joyas atemporales como este lugar que parece se detuvo en los años 70.

Jugos Canadá es un lugar que destaca por su ubicación, en la calle 5 de mayo, casi esquina con un callejón icónico. Además es parte de las accesorias del hotel que da nombre al lugar, Canadá.

Sus azulejos amarillos relucen en armonía con las naranjas acomodadas en triángulo, las piñas apiladas una en oposición a la otra, dibujan el espacio amplio con un espejo que refleja a los comensales del lugar que nunca dejan de llegar en todo el día.

María Eugenia Hernández|Foto: Francisco Charqueño

María Eugenia Hernández, dueña del lugar, recibió a Aderezo para contarnos su historia que comenzó desde hace más de 50 años por iniciativa de su esposo, aunque no fue con jugos, sino que comerciaban con dulces y vinos.

Narra que le rentó la accesoria al lugar con el dueño del Hotel Canadá, quien en ese tiempo les dio facilidades. Posteriormente, a sugerencia de su marido,  y tras algunos problemas, cambiaron el giro a los jugos. Por eso se llamó como el hotel y actualmente. De aquel inicio han transcurrido  35 años.

“Empezamos con jugos y tuvimos tacos al pastor, pero nos quedamos con las tortas”, cuenta.

El sabor y sus productos

Hernández dice que para elegir sus sabores experimentó con su familia para definirlos y han ido cambiando a lo largo de los años. “Mi esposo y yo empezamos a hacer diferentes mezclas, hasta que encontrábamos uno que nos gustara, y en ese momento mi hijo estaba empezando a estudiar un poquito de diseño, por lo que nos hizo algunas imágenes”. Actualmente tiene 40 tipos de tortas, 25 jugos y aguas.

En cuanto a los jugos dice que el Florida es el más vendido, luego sigue el agua de alfalfa con piña, limón y guayaba; la de tamarindo con mango y el licuado de fresa, plátano y guayaba.

Además de su menú, presume que no hay límite en las recetas, “yo te voy a preparar lo que tú me pidas, lo que se te antoje. Incluso tengo un cliente que me trae su lata de atún y le preparo un jugo de naranja con toronja, la lata y un diente de ajo y se va contento”.

Un detalle importante es que aún sirven los jugos desde los vasos de la licuadora hasta las tradicionales copas de vidrio. Por otro lado, comenta que busca siempre mantener la calidad de sus productos “Procuro conseguir todas las frutas todo el año y nos ha dado resultado”.

Foto: Arianna Bustos

No escatima en gastos “un día a la semana vienen, me recogen toda la fruta, se la llevan y ponen nueva. A veces es dos días a la semana, por eso siempre la puedes ver con la misma calidad, porque se llevan la que ya tiene de dos o tres días, te traen nueva. Yo sé que me sale un poco más caro, pero estoy tratando de mantener la calidad y la frescura que eso amerita”.

En cuanto a los productos que compran para resolver problemas de salud detalla que tiene el clásico antigripal, hecho a base de frutas que se caracteriza por tener un alto grado de vitamina C, “lleva guayaba, piña, naranja, limón y miel. Cuando se sienten mal del estómago, les ofrecemos jugo de naranja, toronja, piña, perejil, apio y nopal y en aguas la de papaya con naranja”, cuenta.

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Sobre la comida, confiesa que la mejor de sus tortas es la llamada Fany, que es de pierna, chipotle, queso fundido, aguacate, tomate y cebolla. “La pierna se hornea en la plancha, se salsea con una preparada a base de chipotle, se pone el queso fundido y con eso se prepara la torta. Es muy rica”.

Conservar el estilo

Ella busca hacer pocos cambios para conservar el alma de su juguería, incluso dice que su estilo o decoración, con cuadritos amarillos en la pared, eran lo que se usaba cuando inicio el negocio. “Ahorita hay muchas cosas encantadoras, pero estoy tratando de mantenerlo lo más que pueda… Yo sé que va a llegar un momento en que voy a tener que hacer cambio de barra, lo malo es que ese material ya no lo encuentras en ningún lado, mientras tanto estamos haciendo la lucha de dejarlo así como está”.

Foto: Francisco Charqueño

Compromiso social

Además manifiesta que ofrece empleo a madres con pareja o solteras, las cuales trabajan para ella y las considera como de su familia, admite que siempre ha buscado procurar el bienestar de sus trabajadoras.

Foto: Francisco Charqueño

“Con el COVID nos fue mal. Estuvimos cerrados más de cuatro meses debido a que todos los productos que tenían eran perecederos. Yo procuré jamás dejar a mis niñas sin sustento. El tiempo que estuvo cerrado no deje de pagar agua, luz, sueldos, todo. Y la verdad nos ha costado mucho tiempo empezar a recuperarnos”.

Dos de sus trabajadoras, Eunice Ramírez y Tania Palacios, comentaron que llevan trabajando siete y dos años respectivamente, ambas son mamás y cuentan que trabajan en esta juguería por tradición. Palacios confesó que ahí conoció al papá de sus hijos, trabajando en el lugar, y que les encanta laborar en los Canadá porque se sienten parte de la familia.

Su tradición y sus anécdotas

Revela que su negocio tiene mucha interacción con turistas y ella habla muy bien el inglés, ya que los americanos son los que más los frecuentan, “Nos visitan de varias nacionalidades, pero siempre el inglés es lo que más se les facilita”.

Anécdotas en su negocio hay muchas, pero siempre encuentra una diferente. Expone que el tema con los extranjeros siempre parte del desconocimiento, “Hay personas que llegan y te dicen ‘Oiga, ¿esa fruta existe?.’ Es gente que no es de aquí, viene mucho turismo y te hacen preguntas como esas”.

Foto: Francisco Charqueño

Recuerda que alguna vez la visitó el Embajador de Estados Unidos. Además, narra que su negocio es generacional, “vienen jóvenes con sus novias, y se paran y me dicen, ‘señora aquí me traía mi papá cuando estaba chiquito, o venía con mi abuelita cuando venía a comprar sus cosas al centro de estambres y ahorita ya vengo con mi esposa y mis hijos’. Esa es una satisfacción tremenda. Tengo clientes que vienen una vez al año a comprar al centro, pasan por acá y te dicen ‘Señora hace un año que no la veo’. Son detalles que te ayudan a mantener esto como está”

Al final la señora Hernández dice que uno de los secretos para durar mucho tiempo abiertos es el amor que se tienen por las cosas, el que tiene por su negocio “si fuera una cosa tan impersonal, yo creo que no hubiera durado”.

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