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Entre Uvas y Taninos: Corcho o taparrosca, conoce la diferencia

Federico Ling nos cuenta las diferencias y materiales, cada uno contempla más detalles de los que creías

Existen muchas formas de cerrar y sellar una botella de vino. Se puede utilizar un corcho, un taparrosca, un tapón de vidrio, un “corcho” sintético, un corcho reciclado, etc. Los hay de todos tipos y cada uno de ellos tiene diferentes ventajas y desventajas. Sin embargo, hay muchas percepciones alrededor de ello y existen una serie de ideas predeterminadas sobre lo que cada uno significa.

Por ejemplo, muchas personas piensan que los vinos que están cerrados con taparrosca son de menor calidad que los que tienen corcho. Otros piensan que el vino sellado con corcho sintético es de menor calidad que el vino que está cerrado con un corcho tradicional. Pero la realidad es que en muchos casos no es así. Hoy vamos a hablar de la función y propósito de cada uno de esos sistemas para entender un poco más al respecto. 

Foto. Federico Ling

Comenzaremos con el corcho tradicional: Este producto es de origen natural y se obtiene de la corteza de un determinado tipo de árbol (muy característico de España y Portugal). Al ser este su origen, no puede ser producido en cantidades industriales y por ende, la sostenibilidad en la producción del corcho natural tiene que ser tomada en cuenta. Si bien es el cierre por tradición, la preparación del corcho requiere un proceso arduo de limpieza para asegurar su calidad, por lo que es sin duda el más costoso de todos (y por ende el más típico hasta años recién). En ese sentido, está asociado con los vinos de mayor calidad y generalmente es así porque el corcho permite el paso microscópico del oxígeno, ayudando al vino a añejarse lentamente y evolucionar con el paso del tiempo.

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Si bien este proceso es deseable, tal y como dijimos la semana pasada, este vino debe tener las características adecuadas para envejecer favorablemente. Asimismo, el riesgo de infección por un corcho en mal estado es latente (si bien es mínimo), pero no se descarta del todo. 

En segundo lugar tenemos los vinos cerrados con taparrosca. Son muy característicos de países como Australia, donde además juegan un rol significativo en el tema de la sostenibilidad. Evidentemente es menos costoso que el corcho natural y se puede cerrar la botella herméticamente, de tal forma que se evite el proceso de microoxigenación. Si el vino es joven o está destinado para su consumo inmediato, entonces será el sistema más eficiente, dado que no requiere envejecer y por ende, el corcho no le ayudará en ese proceso. Adicionalmente tiene el beneficio de abrirse de forma más sencilla y de no correr el riesgo de contaminación bacteriana. 

Por último tenemos la opción del corcho sintético. Es decir, un tapón de plástico que jugará las veces de corcho, pero evitando el proceso de microoxigenación. Menos costoso que el producto natural, pero que ofrece la experiencia al usuario de tener que usar un sacacorchos, como si fuera el tapón tradicional. Tiene los mismos efectos que un taparrosca: sellarán el vino evitando el paso de oxígeno, pero reduce el riesgo de contaminación y será mucho más barato. 

La realidad es que cada uno de esos sistemas ofrece diferentes experiencias para la gente y muchas veces la decisión de qué forma de tapón utilizar estará en función de las expectativas del consumidor, más que de la calidad del vino en sí misma. ¿Tú cuál prefieres?

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