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Entre uvas y taninos: Los tipos de vino

Esta semana en la columna de Federico Ling descubrimos que son tres y sus particularidades

Recuerdo muy bien que hace algunos años, durante mis inicios en este mundo del vino, tomé un curso en línea para empezar a aprender más sobre esta bebida y recuerdo que el profesor en la pantalla de la computadora decía que había tres tipos de vino. Y yo de inmediato pensé: ¡Claro, blanco, rosado y tinto! Y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que no se refería a ellos. Bueno, al menos no inicialmente.



Los tres tipos de vino que mencionó eran: espumoso, sin gas y fortificado. Y dentro de esas categorías, decía, los había tintos, blancos y rosados. Conforme seguí estudiando me di cuenta que había muchos detalles y particularidades del vino y que las clasificaciones tenían mucha más profundidad de lo que yo creía, pero para efectos prácticos funcionan muy bien porque nos dan una idea de cómo conceptualizar el vino y sus estilos. Pero vamos por partes. Veamos:

El vino sin gas representa la inmensa mayoría del vino que se consume (se dice que puede ser más del 90% del total) y en términos sencillos, es el vino “normal” que vemos en los supermercados y las tiendas especializadas. Este vino puede ser blanco, tinto o rosado y como dato curioso podría mencionar adicionalmente que el color del vino no proviene del jugo de las uvas, sino de la piel de estas. El jugo es “blanco” y cuando se lleva a cabo el proceso de maceración y fermentación es que adquiere el color, los taninos y muchos de los sabores que percibimos en el producto final.

Para ponerlo en términos más claros: ¿pueden las uvas “tintas” producir vino blanco? La repuesta es sí, pero de forma rutinaria no se hace de esa manera. El vino rosado, por el contrario, en su mayoría es el resultado de que el jugo tenga un periodo de maceración más corto con la piel de las uvas y por ello no adquiere el mismo tono púrpura, ni los mismos sabores o intensidad, por supuesto.

Pero para seguir hablando de estos estilos, hay que mencionar ahora el vino espumoso. El más famoso de todos sería la Champaña. ¿Por qué es espumoso? Porque en este caso el vino se fermenta por duplicado y durante la segunda fermentación se sella el recipiente (en este caso la botella) para que el gas (dióxido de carbono) no se escape y por ende, se disuelve en el vino y adquiere el tono burbujeante tan característico de este estilo. En Italia el vino espumoso más famoso es el Prosecco, que también se fermenta por segunda ocasión, pero en este caso se hace en un tanque (también sellado a presión) y así conserva el gas. En el caso del vino espumoso también puede haber vino blanco, rosado o tinto, siendo los dos primeros los más abundantes y comunes (en ese orden).

Para finalizar nuestras categorías debemos mencionar al vino fortificado. ¿Y eso qué quiere decir? Pues como su nombre lo dice, que el vino ha sido añadido con alcohol (fortificación) y el producto final tendrá un mayor nivel de “alcohol por volumen” por esta razón. Los vinos fortificados más famosos son el Oporto (Portugal) y el Jerez (España). Como en las categorías anteriores pueden ser tintos o blancos, y también pueden ser dulces o secos. Por ejemplo, casi todo el Oporto es dulce y tinto (pero hay Oporto Blanco que es dulce también); en el caso del Jerez todo es blanco y puede ser seco o dulce. Además, estos dos tipos de vino tienen un carácter oxidado (es decir, como “añejo”) que es muy típico de este estilo.

Como se puede observar, hay muchas categorías y tipos de vino y conforme vamos probando, vamos comprendiendo más y más de este fascinante mundo. Pero mientras seguimos aprendiendo, ¡nos leemos la próxima semana!

Te recomendamos leer:
Entre uvas y taninos: ¿Por qué tener una columna sobre vino?
Entre uvas y taninos: Los mitos sobre el vino

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