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Entre Uvas y Taninos: ¿Cómo conocer la calidad del vino?

Federico Ling nos cuenta que este aspecto no está relacionado con el gusto ni tampoco con el precio necesariamente

Dicen que si uno realmente entiende de un asunto, sería capaz de explicarlo con relativa sencillez y sin demasiados términos complejos. Voy a poner a prueba el dicho anterior y trataré de hablar en esta ocasión sobre uno de los tópicos más complicados que hay en el mundo del vino: la calidad. En otras palabras, responder a la pregunta sobre si un vino es “bueno”. Aquí vamos. 

Lo primero que debemos tener en mente es que la calidad del vino no está relacionada (profesionalmente hablando) con el gusto (ni tampoco con el precio necesariamente). Puede ser que un vino no nos guste, pero que su calidad sea buena (y viceversa) y ello sea independiente sobre su costo. No se trata de juzgar lo que nos gusta, sino de hacer un análisis un poco más profundo sobre las características del vino y tener algunas pistas que nos ayuden a identificar su producción, calidad y composición. 

Aunque hay varios componentes que se deben tomar en cuenta para lo anterior, voy a mencionar los más importantes. En primer lugar tenemos que hablar de la intensidad del vino. Esto se refiere a sus aromas y a sus sabores. Si la potencia y la concentración del vino son elevadas, esto será un indicador sobre una posible mejor calidad. Si los aromas y sabores son percibidos de forma clara y permanecen más de 30 segundos en el paladar una vez que lo hemos bebido, entonces lo más probable es que la calidad del vino que estamos tomando sea mayor.  

En segundo lugar vamos a mencionar el balance estructural del vino. Para que el vino sea catalogado como de buena calidad, entonces debe tener un adecuado equilibrio entre sus componentes. Esto quiere decir que no debe existir ninguno que sobresalga (por ejemplo, que no se perciba demasiado alcohol y poca concentración de sabores de fruta; o que tenga demasiada acidez por encima de cualquier otra cosa, o que los taninos no maduros apabullen todo el sabor del vino, por ejemplo, con aromas herbáceos). Asimismo, la integración de sus elementos debe ser adecuada, es decir, debe percibirse como algo placentero y no elementos desarticulados entre sí. 

Por último, la complejidad de sabores y aromas será clave para distinguir un vino de alta calidad. Mientras más capas de diferentes sabores, aromas y compuestos, entonces el vino es probable que tenga una calidad mejor. Por ejemplo, si un vino solamente tiene sabores poco intensos a una sola fruta, por ejemplo, melón o limón, entonces quizá sea de una gama intermedia (y ello puede ser intencional, dado que las casas productoras tienen diferentes niveles de producto y estilos, dependiendo del gusto de sus consumidores).

Lo que trato de decir es que, si hablamos en términos estrictamente profesionales, se debe juzgar a un vino por sus méritos. Y quiero recordar que ello no tiene nada que ver sobre si un vino nos gusta o no, ni tampoco está relacionado con el precio. Esto solamente atañe a la composición y el balance propio de la bebida. Pero una vez que empezamos a comprender cómo es que los profesionales juzgan al vino, ello puede ayudarnos a entender más todo lo que hay detrás de cada botella. Como siempre he dicho: en este tema del vino, lo más importante es disfrutar lo que más nos guste. 

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